
En un escenario internacional marcado por la transición hacia un orden multipolar fragmentado, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha lanzado un vehemente llamado a las naciones de la región para coordinar una hoja de ruta estratégica unificada. Durante la presentación de su más reciente informe técnico en Santiago de Chile, el organismo dependiente de la Organización de las Naciones Unidas advirtió que la erosión del comercio multilateral, sumada a la competencia geopolítica de las grandes potencias, exige una respuesta regional deliberada para evitar la marginación económica y social en la nueva era global.
Un diagnóstico crítico ante la erosión del multilateralismo
El estudio, titulado “Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica”, fue desarrollado por un comité especializado copresidido por la expresidenta chilena Michelle Bachelet y el exmandatario colombiano Iván Duque. Según el análisis presentado por el secretario ejecutivo del organismo, José Manuel Salazar-Xirinachs, la globalización tradicional ha entrado en una fase de profunda reconfiguración donde la seguridad nacional y la geopolítica prevalecen sobre la eficiencia comercial, debilitando las instancias multilaterales instituidas en las últimas décadas.
El documento identifica ocho grandes fracturas globales que condicionan el entorno actual, destacando la intensa rivalidad entre Estados Unidos y China, el estancamiento de la gobernanza mundial sobre el cambio climático y un entorno complejo de desinformación agravado por el uso no regulado de la inteligencia artificial. Esta dinámica externa impacta severamente a América Latina en un momento crítico, vulnerada estructuralmente por un trienio de tres ‘trampas de desarrollo’: un escaso crecimiento del Producto Interno Bruto (con un promedio proyectado de apenas 1,2 % anual entre 2016 y 2025), una profunda brecha de desigualdad social y capacidades institucionales estatales insuficientes.
Activos estratégicos: Las fortalezas de la región ante el cambio geopolítico
Pese a las adversidades presupuestarias y estructurales, la CEPAL enfatiza que la región conserva un posicionamiento de alto valor geopolítico que puede transformar en ventaja competitiva si se articula una agenda de negociación coherente. Entre las ventajas comparativas consolidadas de América Latina y el Caribe destacan:
- Minerales clave para el futuro: Concentración global del 46 % de las reservas de litio, 35 % de cobre, 28 % de grafito y el 23 % de tierras raras, insumos indispensables para la electrificación y la tecnología avanzada.
- Matriz energética sustentable: Una de las infraestructuras eléctricas más descarbonizadas del mundo, donde casi el 70 % de la generación proviene de fuentes renovables.
- Seguridad alimentaria y biodiversidad: La mayor capacidad exportadora neta de alimentos globales y el resguardo de casi la mitad de la biodiversidad terrestre del planeta.
- Estabilidad geopolítica: Un territorio catalogado como zona de paz, libre de armas nucleares y con baja conflictividad bélica interestatal, lo que confiere autoridad moral en foros internacionales.
- Capital social y migratorio: Ecosistemas emprendedores dinámicos y flujos de remesas récord que alcanzaron más de 160.000 millones de dólares durante el último año.
Un margen de acción limitado para la integración regional
Para capitalizar estos recursos, los expertos proponen diez ejes de acción orientados a reforzar la infraestructura productiva y reactivar las alianzas intrarregionales. Como resaltaron Bachelet y Duque durante la presentación, el fortalecimiento de la gobernanza interna y el perfeccionamiento de las capacidades estatales resulta primordial para sostener una postura soberana ante las presiones de las potencias dominantes.
La CEPAL concluye su reporte con un mensaje categórico: el tiempo para actuar de manera colectiva es acotado. De no implementarse políticas de integración pragmáticas e integrales en el corto plazo, los países de la zona corren el riesgo de ser meros receptores pasivos de las directrices fijadas por los grandes bloques económicos extranjeros, perdiendo una oportunidad histórica para asegurar su desarrollo sostenible a largo plazo.
