
La partida de Don Román Ramos, visionario empresario y fundador del influyente Grupo Ramos en la República Dominicana, marca el fin de una era dorada para el comercio minorista caribeño. En un testimonio histórico concedido poco antes de su fallecimiento, el patriarca relató su travesía desde Pola de Allande, Asturias, hasta Santo Domingo, consolidando una narrativa de esfuerzo, disciplina y transformación económica que redefine el concepto del éxito migrante en el siglo XX.
De Asturias al Caribe: Los cimientos de un imperio comercial
A la edad de 17 años, en 1959, Don Román emprendió un viaje transatlántico impulsado por las oportunidades que avizoraba en el próspero mercado dominicano. Su llegada coincidió con los turbulentos años de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y la posterior inestabilidad sociopolítica de la revolución de abril. Sin embargo, su enfoque nunca se desvió del trabajo arduo: desde sus humildes inicios como empleado en almacenes textiles y el cumplimiento de jornadas extenuantes, demostró una ética laboral inflexible.
- Inmigración guiada por contratos laborales formales y redes familiares de apoyo.
- Primeros salarios modestos destinados casi en su totalidad al hospedaje y sustento básico.
- Austeridad, constancia y reinversión como pilares fundamentales para el crecimiento inicial.
La innovación que transformó el comercio dominicano
El punto de inflexión en su trayectoria ocurrió en 1965, cuando adquirió la emblemática tienda La Sirena en medio de un panorama económico sumamente desafiante. Ante el escepticismo de la banca tradicional y los pronósticos de quiebra, Don Román apostó por la diversificación, introduciendo cosméticos y artículos de consumo masivo que rompieron con los esquemas tradicionales de venta de textiles en la época. Esta visión precursora sentó las bases para el desarrollo del primer hipermercado moderno del país, un modelo de negocio que integró bajo un mismo techo la oferta de productos diversos y cambió de manera definitiva los hábitos de consumo de la sociedad dominicana.
El impacto cultural y económico de la inmigración española en la República Dominicana, según la perspectiva de Ramos, ha dejado una huella indeleble en la infraestructura urbana y comercial del país. Al reflexionar sobre el presente, el empresario enfatizó que el progreso no es fruto de la casualidad, sino el resultado directo de una disciplina férrea y del compromiso constante con el desarrollo productivo, dejando un legado institucional que hoy continúa expandiéndose a través de miles de colaboradores.
